ICONOGRAFÍA
Los emparrados atesoran cualidades productivas y climáticas, pero también simbólicas. Para explorar esa dimensión, la historiadora del arte Valeria Reyes Soto ha iniciado un inventario iconográfico que rastrea la presencia y circulación de su imagen en el ámbito local consultando archivos como los del Centro Andaluz de Documentación del Flamenco, bodegas González-Byass o bodegas Tradición.
De su incipiente trabajo surge un imaginario visual que vincula la parra con espacios de convivencia, placer y sosiego. Escenarios donde se entrelazan la cultura popular y el arte del buen vivir.
Curiosamente, entre las obras analizadas figura una vista de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, en la que aparece una “venta andaluza entre las encaladas pilastras de la parra” llamada Venta Goyesca y descrita por la prensa de entonces como “el sitio más fresco y delicioso de Barcelona”.
Paradójicamente, en aquella misma muestra se levantaba el pabellón alemán de Mies van der Rohe, uno de los emblemas absolutos de la modernidad arquitectónica. Resulta irónico que sea, en este discreto y humilde edificio camuflado entre parras, donde hoy encontramos pistas para un futuro mejor… o, al menos, uno “más fresco y delicioso”.
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ICONOGRAPHY
Vine arbours have productive and climatic qualities, but they also have symbolic ones. To explore this dimension, art historian Valeria Reyes Soto has begun an iconographic inventory that traces the presence and circulation of their image in the local sphere, consulting archives such as those of the Andalusian Centre for Flamenco Documentation, González-Byass wineries, and Tradición wineries.
Her early work reveals a visual imagery that links the vine with spaces of conviviality, pleasure and tranquillity. These are settings where popular culture and the art of good living intertwine.
Curiously, among the works analysed is a view of the 1929 Barcelona International Exhibition, which features an ‘Andalusian tavern among the whitewashed pillars of the vine’ called Venta Goyesca and described by the press at the time as ‘the coolest and most delightful place in Barcelona’.
Paradoxically, the German pavilion by Mies van der Rohe, one of the absolute emblems of architectural modernity, stood in the same exhibition. It is ironic that it is in this discreet and humble building camouflaged among vines that we find clues to a better future... or, at least, a ‘cooler and more delightful’ one.
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